CONTAMINACIÓN LUMÍNICA

Iluminar demasiado no es saber iluminar. Para muchos el exceso de luz incrementa la visibilidad para el ser humano, cuando hay casos evidentes en que el efecto que se logra es el opuesto al que se pretende, por ejemplo, en áreas comerciales, espacios públicos o vialidades mal iluminadas. Para otros la ostentación lumínica es significado de calidad de vida, prosperidad o riqueza; un espacio sobreiluminado puede ser más inseguro y desagradable que uno iluminado de forma racional.

Pero ¿Qué es la contaminación lumínica?
Es la emisión de flujo luminoso de fuentes artificiales nocturnas en intensidades, direcciones, rangos espectrales u horarios innecesarios para la realización de las actividades previstas en la zona en la que se instalan las luces.

Por ejemplo, un alumbrado exterior ineficiente y mal diseñado, no proporciona seguridad ni visibilidad, y es un desperdicio de energía y dinero. Y si además se agrega que la iluminación urbana utiliza proyectores y cañones láser, no hay regulación del horario de apagado de iluminaciones publicitarias, monumentales u ornamentales, etc., trae un problema de sobreiluminación cada vez más extendido, de igual forma también dificulta el tráfico aéreo y marítimo, así como la percepción del Universo y los problemas causados a los observatorios astronómicos.

En algunas ciudades hemos ido perdiendo la belleza del cielo nocturno y ya no vemos las estrellas, ya que por reflexión y difusión de la luz artificial en los gases y en las partículas del aire se altera su calidad y condiciones naturales hasta el punto de hacer desaparecer los objetos celestes; hablamos de daños que no se limitan al entorno del lugar donde se produce la contaminación, sino que la luz se difunde por la atmósfera y su efecto se deja sentir a centenares de kilómetros desde su origen.

 

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